Homenaje al licenciado Pablo Leonardo Moledo, periodista científico, matemático, escritor y profesor universitario

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Rendir sentido homenaje al licenciado Pablo Leonardo Moledo –periodista científico, matemático, escritor y profesor universitario especializado en temas culturales y científicos–, en el marco de su fallecimiento, acaecido el 9 de agosto de 2014 en la Ciudad de Buenos Aires.

Señor presidente:

Pablo Leonardo Moledo fue escritor, matemático, periodista científico, profesor universitario, entre muchísimas actividades y cualidades que no pueden disociarse unas de otras, que forman parte de un mismo universo. Pero su profesión más característica fue la de divulgador. En sus palabras: “La divulgación científica es la continuación de la ciencia por otros medios”.

Nació en la Ciudad de Buenos Aires el 20 de febrero de 1947 y falleció el pasado 9 de agosto. Fue estudiante del Colegio Nacional Buenos Aires. Se recibió de licenciado en Ciencias Matemáticas en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Fue investigador del CONICET durante más de veinte años. Se desempeñó con éxito como periodista científico y como profesor en distintas universidades nacionales: en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en la Universidad Nacional de Entre Ríos y en la Universidad de Quilmes. Y de 2000 a 2007 fue director del Planetario Galileo Galilei de la Ciudad de Buenos Aires.

Pero lo recordamos principalmente por su entusiasmo para acercarnos el mundo de las ciencias a todas las generaciones, con una pasión contagiosa, utilizando la literatura como medio.

Además de tres novelas y dos piezas de teatro estrenadas en el Centro Cultural San Martín, escribió innumerables libros de divulgación científica para todas las edades, entre los que se destacan: De las tortugas a las estrellas (1995); El Big Bang (para niños, 1995); La relatividad del movimiento (para niños, 1997); Curiosidades de la ciencia (2000); El café de los científicos, sobre Dios y otros debates (coautor: Martín de Ambrosio, 2006); El café de los científicos (II), de Einstein a la clonación (coautor: Martín de Ambrosio, 2007); Lavar los platos (coautor: Ignacio Jawtuschenko, 2008); Los mitos de la ciencia (2008); El último café de los científicos (coautor: Javier Vidal, 2011).

Publicó también numerosos cuentos en antologías de ciencia ficción y en diarios destacados del país. Este año se compiló, bajo el título Historia de las ideas científicas (de Tales de Mileto a la máquina de Dios) y con ilustraciones de Milo Lockett, una colección de cuarenta fascículos que desarrollan la historia de la ciencia y sus principales postulados, publicados en su momento por el diario Página/12. Este fue su último libro, que se propone ser la “primera historia general de la ciencia ensayada en la Argentina en los últimos 50 años”.

Entre otros espacios de difusión, puede mencionarse la dirección del suplemento de ciencias “Futuro”, del diario Página 12; los programas en las radios Municipal y Rivadavia, de la Ciudad de Buenos Aires; y el ciclo televisivo Ciencia y conciencia (1989), del que fue guionista.

También dirigió la colección de divulgación científica Estación Ciencia de la Editorial Capital Intelectual, e integró el consejo editorial de Redes, Revista de Estudios Sociales de la Ciencia, editada por el Instituto de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes.

Moledo nos habló de ciencia desde la mesa de un bar; nos demostró que no se encuentra solo en los laboratorios, sino en todo lo que nos rodea; la acercó a nuestra cotidianidad:

“Se piensa que son cosas difíciles y complejas de entender que sólo están en manos de los científicos. Eso es falso. De hecho en el programa del colegio secundario se explica casi toda la ciencia que se conoce hoy en día, pero arrasan con todo su misterio”.[1]

“La ciencia está no para ser enseñada sino contada, porque nace en la conversación y en la comunicación, no en el laboratorio”.[2]

Esta lucha por romper las barreras del conocimiento fue premiada en vida: en 1994 la Fundación Kónex le entregó el diploma al mérito como mejor figura en ciencia-ficción y, en 1997, el diploma al mérito como mejor figura de la última década en la categoría “Comunicación-Periodismo Argentino”.

En 2010 colaboró con el Ministerio de Educación de Santa Fe en la formación científica de docentes y alumnos del profesorado, y en la realización de Cafés Científicos. Estos encuentros, en los cuales tenía una larga experiencia, tenían como fin establecer un diálogo horizontal entre los científicos investigadores y la ciudadanía sobre temas de interés, estimular el debate y promover la apropiación social de la ciencia.

“El mundo está lleno de tanta magia como El señor de los anillos, y el espectáculo lo pone el universo, que tiene recursos mucho más grandes que cualquier teatro o efecto especial. La idea es abrir a los chicos hacia la belleza del conocimiento como una forma más de la cultura. Se piensa que si van a la ópera se les muestra cultura. Bueno, cuando nosotros mostramos el cielo, también. La ciencia como cultura es un concepto que no está muy instalado”.[3]

Trabajó para demostrarnos que el conocimiento científico es accesible para todos, que forma parte de nuestra cultura, de los procesos sociales, que puede transformar el mundo en un lugar más habitable. Este es su aporte trascendental, su huella más grande.

Por todo lo expuesto, solicito a mis pares su acompañamiento en el presente Proyecto de Resolución.

[1] Extraído de una entrevista realizada por la revista Imaginaria: http://www.imaginaria.com.ar/09/4/moledo1.htm

[2] Extraído de una entrevista realizada por la agencia Télam.

[3] Entrevista de revista Imaginaria. Op. Cit.